Tesorería

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Un presupuesto empresarial recoge los ingresos, gastos, inversiones y movimientos de caja que una empresa prevé durante un periodo. Para elaborarlo debes analizar los datos históricos, estimar las ventas, separar costes fijos y variables, incorporar impuestos e inversiones y comparar periódicamente las cifras previstas con las reales.
El presupuesto de una empresa no es un simple Excel con números: es la guía o brújula que permite anticipar hacia dónde va un negocio y cuánto margen real tiene para poder crecer, invertir o simplemente que el empresario pueda dormir tranquilo. Hacerlo bien no es opcional; es la diferencia entre reaccionar tarde a los problemas o adelantarse con decisiones inteligentes.

Un presupuesto de una empresa debe reflejar de manera ordenada las principales áreas financieras del negocio. Los componentes básicos que nunca deberían faltar son:
Aquí se incluye todo lo que se espera facturar en el periodo elegido. Lo más habitual es que provenga de la venta de productos o servicios, pero también se contemplan ingresos financieros (intereses, dividendos) u otras fuentes extraordinarias (subvenciones, alquileres de activos, etc.).
Lo importante es que esta cifra sea realista, apoyada en datos históricos o proyecciones fundamentadas con argumentos lógicos, y no en simples deseos.
Son aquellos que cambian en función del volumen de ventas o producción. Por ejemplo: materias primas, suministros, comisiones a vendedores, transporte, embalaje o servicios subcontratados.
Si el negocio vende más, estos costes subirán; si se vende menos, bajarán. Por eso conviene calcularlos como un porcentaje sobre los ingresos.
Son los gastos que tendrás sí o sí, independientemente de lo que vendas: alquiler de oficinas, seguros, licencias, sueldos de estructura, suministros básicos…
En muchos negocios pequeños, los costes fijos representan la mayor carga. Tenerlos bien identificados te permite saber cuál es tu punto de equilibrio (cuánto tienes que vender al mes para cubrirlos).
Aunque forman parte de los costes fijos, los gastos de personal conviene tratarlos aparte porque son especialmente relevantes: nóminas, seguridad social, retenciones, formación y beneficios sociales.
Una partida mal calculada en este punto puede desequilibrar todo el presupuesto. Importante: incluir no solo el salario neto, sino el coste real de la empresa.
Son desembolsos que no se consumen en un único ejercicio, sino que aportan valor durante varios años: maquinaria, equipos informáticos, vehículos, software, reformas, campañas de marketing estratégicas.
Se deben incluir en el presupuesto porque afectan directamente a la liquidez, aunque después se vayan a reflejar en la contabilidad como amortizaciones.
Aquí se contempla todos los tributos que afectan a la actividad:
Incluirlos en el presupuesto evita la típica sorpresa de tener beneficios “contables” que luego se evaporan al liquidar impuestos.
Tras restar los gastos de la empresa (fijos, variables, personal, inversiones, amortizaciones e impuestos) a los ingresos, se obtiene el beneficio neto proyectado o, en caso contrario, una pérdida.
Este es el número que dirá si el negocio va por buen camino o si necesita ajustar precios, reducir costes o buscar más ventas.
Beneficio y liquidez no son lo mismo
El beneficio indica si los ingresos de la empresa son superiores a sus gastos durante un periodo. La liquidez, en cambio, refleja el dinero que la empresa tiene realmente disponible para pagar nóminas, proveedores, impuestos o préstamos.
Una empresa puede obtener beneficios y, aun así, tener problemas de liquidez. Por ejemplo, puede facturar 20.000 euros en marzo, pero no cobrar las facturas hasta mayo. Aunque la venta ya forme parte de sus ingresos, durante marzo podría no disponer de efectivo suficiente.
Por eso, el presupuesto de resultados debe complementarse con un presupuesto de tesorería que refleje cuándo se producen realmente los cobros y los pagos.
Una vez elaborado el presupuesto, es necesario comparar periódicamente las cantidades previstas con los resultados reales. Esta comparación permite detectar si la empresa está vendiendo menos de lo esperado, si algún coste se ha incrementado o si una inversión está superando el límite establecido.
| Partida | Presupuestado | Resultado real | Desviación | Desviación % | |||||
| Ventas | 12.000 € | 10.800 € | −1.200 € | −10 % | |||||
| Gastos de personal | 4.100 € | 4.250 € | +150 € | +3,7 % | |||||
| Marketing | 800 € | 1.050 € | +250 € | +31,3 % | |||||
| Otros gastos | 1.500 € | 1.400 € | −100 € | −6,7 % | |||||
| Resultado mensual | 2.500 € | 1.700 € | −800 € | −32 % |
| Partida | Presupuestado | Resultado real | Desviación | Desviación % | |||||
| Ventas | 12.000 € | 10.800 € | −1.200 € | −10 % | |||||
| Gastos de personal | 4.100 € | 4.250 € | +150 € | +3,7 % | |||||
| Marketing | 800 € | 1.050 € | +250 € | +31,3 % | |||||
| Otros gastos | 1.500 € | 1.400 € | −100 € | −6,7 % | |||||
| Resultado mensual | 2.500 € | 1.700 € | −800 € | −32 % |
La desviación puede calcularse con las siguientes fórmulas:
Desviación = resultado real − cantidad presupuestada
Desviación porcentual = desviación ÷ cantidad presupuestada × 100
La interpretación dependerá de la partida analizada. En las ventas, una desviación negativa indica que se ha ingresado menos de lo previsto. En los gastos, una desviación positiva significa que se ha gastado más de lo presupuestado.
No obstante, una desviación no debe considerarse automáticamente positiva o negativa. Por ejemplo, superar el presupuesto de marketing puede estar justificado si esa inversión ha generado más clientes o ventas. Lo importante es analizar la causa y su impacto sobre el resultado.
Un presupuesto de tesorería está bien elaborado cuando permite saber, de forma sencilla, cuánto dinero tendrá disponible la empresa en cada momento y si podrá afrontar sus pagos sin problemas.
Para comprobarlo, es importante revisar los siguientes puntos:
Saldo final de tesorería = saldo inicial + cobros previstos − pagos previstos
Por ejemplo, si una empresa comienza el mes con 5.000 euros, espera cobrar 12.000 euros y debe realizar pagos por 14.000 euros, terminará el periodo con un saldo previsto de 3.000 euros.

No es necesario disponer de un gran departamento financiero para preparar un presupuesto de tesorería. La herramienta adecuada dependerá del tamaño de la empresa, el número de movimientos y el nivel de automatización que necesite.
Son una buena opción para autónomos y pequeños negocios con pocos movimientos. Permiten crear una previsión mensual de cobros, pagos y saldos, trabajar con diferentes escenarios y adaptar las categorías a cada actividad.
Una hoja de tesorería debería incluir, como mínimo:
Su principal ventaja es la flexibilidad. Como inconveniente, requieren introducir y actualizar manualmente la información, lo que aumenta el riesgo de errores cuando existen muchos movimientos.
Las plantillas con fórmulas permiten empezar con una estructura ya creada. Algunas incluyen escenarios optimistas y pesimistas, gráficos de evolución, alertas de saldo negativo y cálculos automáticos de desviaciones.
Antes de utilizar una plantilla conviene comprobar que permita modificar categorías, plazos de cobro, impuestos y fechas de pago. Una plantilla demasiado genérica puede ocultar necesidades específicas del negocio.
Los programas de facturación y contabilidad permiten utilizar las facturas emitidas y recibidas como base para estimar futuros cobros y pagos.
Pueden ser especialmente útiles para:
Soluciones como Holded, Anfix, Sage o a3 pueden resultar útiles dependiendo del tamaño de la empresa y de las funciones que necesite. Antes de elegir una, debe comprobarse si permite trabajar con previsiones de caja y no únicamente registrar movimientos ya realizados.
Las herramientas especializadas en tesorería se centran en anticipar la posición de caja. Normalmente permiten introducir vencimientos, crear diferentes escenarios, consolidar varias cuentas bancarias y detectar futuros déficits de liquidez.
Son especialmente interesantes para empresas que:
Un ERP integra en una misma plataforma las ventas, compras, facturación, inventario, contabilidad, personal y tesorería.
Resulta útil para empresas con varios departamentos, ya que evita que cada área trabaje con archivos independientes. Por ejemplo, una nueva venta puede actualizar la previsión de cobros, mientras que una orden de compra puede incorporarse automáticamente a los pagos previstos.
Su implantación suele requerir más tiempo y recursos que una hoja de cálculo, por lo que debe valorarse si el volumen y la complejidad del negocio justifican la inversión.
El presupuesto no nace de la improvisación: requiere un método. Se debe pensar en él como un puzzle donde cada pieza —ventas, gastos, inversiones, impuestos— debe encajar para dar una visión completa del año. La secuencia lógica es:
Lo más habitual es trabajar con un presupuesto anual, pero dividirlo en meses o trimestres para un mayor control. Por ejemplo, un comercio minorista puede prever un pico de ventas en diciembre y caídas en agosto.
Antes de proyectar el futuro, revisar el pasado: ventas, gastos, estacionalidad, inversiones realizadas. Si es el primer año y no hay histórico, utilizar referencias del sector o de negocios similares.
Aquí está la tentación: ser demasiado optimista. Evitarlo es lo aconsejable. Lo recomendable es trabajar con tres escenarios: realista, optimista y pesimista.
Ejemplo: si el año pasado se facturó 100.000 €, este año se podría proyectar 105.000 € como realista (+5 %), 120.000 € cómo optimista (+20 %) y 95.000 € como pesimista (-5 %).
Identificar los costes fijos (alquiler, sueldos, suministros) y variables (materias primas, transporte, comisiones).
Un error común es olvidar gastos indirectos como seguros, licencias o comisiones bancarias. Se deben incluir siempre.
Si se van a renovar equipos, lanzar una campaña de marketing a gran escala o abrir un nuevo local, incorpórarlo al presupuesto. No hacerlo puede dar la falsa impresión de que el beneficio será mayor del que realmente se tendrá.
Tener beneficios en papel no significa tener dinero en caja. El presupuesto de tesorería dirá si se podrá pagar nóminas y proveedores en cada momento.
Ejemplo: Se factura 20.000 € en marzo, pero los clientes pagan a 60 días; en ese mes no habría liquidez inmediata, aunque hubiera ventas.
Añadir un colchón de entre un 5% y un 10% para imprevistos (reparaciones, retrasos en cobros, subida de precios de materias primas) algo que se puede incluir en la previsión de tesorería para tener esa tranquilidad en las finanzas de la empresa.
El presupuesto no es un documento estático: debe revisarse cada cierto tiempo (trimestralmente es lo ideal). Los cambios en el mercado, en la legislación fiscal o en los precios de los proveedores pueden obligar a adaptarlo.
Buenas prácticas
Errores comunes
Supongamos que una pequeña empresa de consultoría tecnológica quiere preparar su presupuesto para el próximo año. Sus socios necesitan saber cuánto beneficio pueden obtener, si dispondrán de liquidez suficiente y si podrán contratar a una nueva persona.
Para realizar el cálculo se diferenciarán correctamente los gastos del ejercicio, las inversiones y las salidas de tesorería.
La empresa estima una facturación media mensual de 12.000 euros:
La previsión se basa en los contratos ya firmados, la facturación del ejercicio anterior y una estimación prudente de nuevos proyectos.
Total de ingresos previstos: 144.000 €
Son los gastos que aumentan o disminuyen dependiendo del volumen de trabajo de la empresa:
Total de costes variables: 13.000 €
Son los gastos necesarios para mantener la actividad, independientemente de la cantidad de proyectos realizados:
Total de costes fijos: 28.800 €
La empresa cuenta actualmente con dos empleados:
Total de gastos de personal: 49.200 €
La empresa quiere realizar durante el año una campaña de captación de clientes, mejorar sus contenidos y reforzar su presencia digital:
Total de gastos de marketing: 5.000 €
En este ejemplo, la campaña se considera un gasto del ejercicio y no una inversión, ya que se consume durante el propio periodo presupuestado.
Antes de tener en cuenta amortizaciones, provisiones, intereses e impuestos, el resultado operativo sería el siguiente:
| Partida | Importe | ||
| Ingresos previstos | 144.000 € | ||
| Costes variables | −13.000 € | ||
| Costes fijos | −28.800 € | ||
| Gastos de personal | −49.200 € | ||
| Gastos de marketing | −5.000 € | ||
| EBITDA previsto | 48.000 € |
| Partida | Importe |
|---|---|
| Ingresos previstos | 144.000 € |
| Costes variables | −13.000 € |
| Costes fijos | −28.800 € |
| Gastos de personal | −49.200 € |
| Gastos de marketing | −5.000 € |
| EBITDA previsto | 48.000 € |
El EBITDA permite observar cuánto genera el negocio mediante su actividad habitual antes de contabilizar amortizaciones, provisiones, intereses e impuestos.
La empresa también tiene previsto adquirir nuevos equipos informáticos por valor de 4.000 euros.
Esta compra afecta inmediatamente a la tesorería, porque supone una salida de dinero. Sin embargo, no se resta íntegramente para calcular el beneficio del año. El coste se distribuye entre los ejercicios durante los que se espera utilizar el equipo.
Para simplificar el ejemplo, se estima una vida útil de cuatro años:
Total de amortizaciones y provisiones: 5.000 €
Las amortizaciones deben calcularse de manera sistemática en función de la vida útil y del valor residual estimado de los activos.
| Partida | Importe | ||
| EBITDA previsto | 48.000 € | ||
| Amortizaciones y provisiones | −5.000 € | ||
| Beneficio antes de impuestos | 43.000 € |
| Partida | Importe |
| EBITDA previsto | 48.000 € |
| Amortizaciones y provisiones | −5.000 € |
| Beneficio antes de impuestos | 43.000 € |
En este ejemplo no se han incluido gastos financieros porque se supone que la empresa no tiene préstamos ni líneas de crédito pendientes. Si los tuviera, los intereses deberían restarse antes de calcular el beneficio antes de impuestos.
Supondremos que la empresa tuvo en el ejercicio anterior una cifra de negocios inferior a un millón de euros y que cumple las condiciones para tributar como microempresa.
Para los periodos impositivos iniciados en 2026, las microempresas aplican un tipo del 19 % sobre los primeros 50.000 euros de base imponible y del 21 % sobre la cantidad restante.
Como el beneficio antes de impuestos del ejemplo es de 43.000 euros:
Beneficio neto previsto: 34.830 €
Se trata de una estimación simplificada. La base imponible fiscal puede ser distinta del resultado contable debido a deducciones, gastos no deducibles, compensación de pérdidas anteriores u otros ajustes fiscales.
Para calcular la liquidez no basta con observar el beneficio neto. También hay que tener en cuenta los gastos que no han supuesto un pago y las inversiones que sí han generado una salida de dinero:
| Concepto | Impacto | ||
| Beneficio neto previsto | 34.830 € | ||
| Amortizaciones y provisiones sin salida inmediata de caja | +5.000 € | ||
| Compra de equipos informáticos | −4.000 € | ||
| Generación de caja aproximada | 35.830 € |
| Concepto | Impacto |
| Beneficio neto previsto | 34.830 € |
| Amortizaciones y provisiones sin salida inmediata de caja | +5.000 € |
| Compra de equipos informáticos | −4.000 € |
| Generación de caja aproximada | 35.830 € |
Esta cifra todavía podría variar por los plazos de cobro de los clientes, los pagos a proveedores, el IVA, las cuotas de los préstamos o el momento en que se paguen los impuestos.
Por ejemplo, la empresa puede haber facturado 12.000 euros durante un mes, pero no disponer todavía de ese dinero si sus clientes pagan a 60 días.