Tesorería

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Entender el remanente de tesorería es clave para conocer la verdadera salud financiera de cualquier entidad pública. Cada año, al cerrar el presupuesto, este indicador revela si el organismo tiene recursos suficientes para afrontar sus obligaciones, financiar nuevos gastos o corregir desequilibrios. Sin embargo, para muchas personas sigue siendo un concepto complejo y rodeado de dudas: ¿Qué es realmente?, ¿Cómo se calcula?, ¿Qué diferencia hay entre el remanente total y el remanente líquido?, ¿Qué papel juega la cuenta 413?

En esta guía te lo explico de forma clara, práctica y sin tecnicismos innecesarios, para que entiendas cómo funciona y cómo interpretarlo correctamente. Algo que suele generar confusión, ya que para comprenderlo bien también es importante saber qué es la tesorería y qué papel juega dentro del ciclo presupuestario y de la liquidación anual
En una sociedad mercantil, el remanente en contabilidad es la cuenta 120 del Plan General de Contabilidad, encuadrada en el subgrupo 12 «Resultados pendientes de aplicación», junto a la 121 (resultados negativos de ejercicios anteriores) y la 129 (resultado del ejercicio). Recoge el beneficio de ejercicios anteriores que la junta no ha repartido ni ha destinado a reservas: dinero que ya es de los socios, pero que sigue sin decidirse qué se hace con él.
Tiene dos consecuencias prácticas que conviene no perder de vista. La primera es que forma parte del patrimonio neto y aparece en el balance, no en la cuenta de pérdidas y ganancias: no es un ingreso del año, es un resultado acumulado. La segunda es que tener remanente no significa tener caja: el beneficio pudo convertirse en existencias, en maquinaria o en facturas pendientes de cobrar. Una sociedad puede acordar un reparto con cargo al remanente y descubrir después que no tiene liquidez para pagarlo.
No debe confundirse con el remanente de tesorería del sector público, que es un concepto presupuestario distinto y es el que se desarrolla a continuación.
El remanente de tesorería es un indicador financiero que resume la situación económica de una entidad al final del ejercicio, una vez que se tienen en cuenta tanto el dinero en caja y bancos como los derechos pendientes de cobro y las obligaciones pendientes de pago.
A diferencia del dinero disponible en banco, el remanente tiene en cuenta todo lo que queda por cobrar y por pagar, ofreciendo una visión completa de los recursos reales. Dentro de la gestión económico-presupuestaria, forma parte de los indicadores claves de tesorería, porque permite evaluar no solo la liquidez inmediata, sino la capacidad real de la entidad para afrontar pagos y mantener su equilibrio financiero.
Aunque a veces se confunde con el flujo de caja, el remanente de tesorería es un indicador mucho más completo, ya que incluye derechos y obligaciones pendientes, no solo movimientos de dinero.
Incluye:
Estos elementos combinados permiten obtener una cifra que refleja si la entidad tiene capacidad financiera real para asumir sus pagos y planificar el presupuesto del año siguiente sin poner en riesgo su equilibrio. En las entidades locales, el esquema está fijado en los artículos 101 a 104 del Real Decreto 500/1990, que desarrolla en materia presupuestaria la normativa reguladora de las haciendas locales.
El remanente de tesorería tiene un papel clave en la gestión financiera y presupuestaria, especialmente en administraciones públicas y entidades que trabajan con presupuesto. No es solo un dato contable: marca el margen real de maniobra para gastar, invertir y planificar el ejercicio siguiente.
Cuando el remanente de tesorería es positivo, puede utilizarse para ampliar créditos o habilitar nuevas partidas de gasto que no estaban previstas en el presupuesto inicial. En la práctica, este permite acometer proyectos adicionales sin acudir a más deuda. Conviene matizar un punto que el RD 500/1990 deja claro: el remanente financia modificaciones de crédito del presupuesto ya en vigor, no se incorpora como un recurso más del presupuesto inicial.
Un remanente suficiente y estable indica equilibrio, liquidez y capacidad de pago frente a obligaciones ya reconocidas. Por el contrario, un remanente negativo o muy ajustado alerta de tensiones de tesorería y de la necesidad de aplicar medidas correctoras (ajustes de gasto, mejora de cobros, revisión de la planificación).
Los órganos de intervención y control usan el remanente —y, en particular, el remanente de tesorería para gastos generales— para comprobar el cumplimiento del equilibrio financiero, valorar la sostenibilidad del presupuesto y emitir informes sobre la viabilidad de nuevas decisiones de gasto en el ejercicio siguiente.
Cuanto mayor y más sólido es el remanente, mayor es la capacidad de la entidad para afrontar imprevistos, atender compromisos pendientes y financiar inversiones sin deteriorar su posición financiera. Por eso se considera un indicador de solvencia a medio plazo y un apoyo básico para la toma de decisiones de tesorería y presupuesto.
El cálculo del remanente de tesorería parte de la liquidación del presupuesto e integra estos elementos:
| Concepto | Qué representa | Ejemplo | |||
|---|---|---|---|---|---|
| Tesorería disponible | Fondos que la entidad tiene en caja, bancos y otras cuentas de tesorería a 31 de diciembre. Refleja la liquidez inmediata disponible. | 850.000 € | |||
| Derechos pendientes de cobro | Ingresos reconocidos que aún no se han cobrado (tributos, tasas, precios públicos, subvenciones, etc.) | 600.000 € | |||
| Obligaciones pendientes de pago | Gastos comprometidos como: facturas, nóminas, transferencias y otros compromisos ya devengados pero aún no pagados. | 400.000 € | |||
| Ajuste por saldos de dudoso cobro | Cantidades con riesgo de impago que deben restarse. No todos los derechos pendientes de cobro se van a cobrar realmente* | 90.000 € | |||
| Exceso de financiación afectada | Ingresos finalistas reconocidos por encima del gasto ya ejecutado con cargo a ellos. Está comprometido con su finalidad y se resta. | 0 € (no hay en este caso) | |||
| Tener en cuenta la cuenta 413 y otros ajustes | Recoge gastos ya realizados pero no imputados todavía al presupuesto. Evita la sobreestimación. | 60.000 € |
| Concepto | Qué representa | Ejemplo |
|---|---|---|
| Tesorería disponible | Fondos que la entidad tiene en caja, bancos y otras cuentas de tesorería a 31 de diciembre. Refleja la liquidez inmediata disponible. | 850.000 € |
| Derechos pendientes de cobro | Ingresos reconocidos que aún no se han cobrado (tributos, tasas, precios públicos, subvenciones, etc.) | 600.000 € |
| Obligaciones pendientes de pago | Gastos comprometidos como: facturas, nóminas, transferencias y otros compromisos ya devengados pero aún no pagados. | 400.000 € |
| Ajuste por saldos de dudoso cobro | Cantidades con riesgo de impago que deben restarse. No todos los derechos pendientes de cobro se van a cobrar realmente* | 90.000 € |
| Exceso de financiación afectada | Ingresos finalistas reconocidos por encima del gasto ya ejecutado con cargo a ellos. Está comprometido con su finalidad y se resta. | 0 € (no hay en este caso) |
| Tener en cuenta la cuenta 413 y otros ajustes | Recoge gastos ya realizados pero no imputados todavía al presupuesto. Evita la sobreestimación. | 60.000 € |
La fórmula es Remanente de tesorería = Fondos líquidos + Derechos pendientes de cobro – Obligaciones pendientes de pago
Y, a partir de ahí: Remanente de tesorería para gastos generales = Remanente de tesorería – Derechos de difícil o imposible recaudación – Exceso de financiación afectada
Imagina un ayuntamiento de tamaño medio al cierre del ejercicio:
Con estos datos, el remanente de tesorería total sería = 850.000 + 600.000 – 400.000 = 1.050.000 €
Ahora bien, no todo ese importe es utilizable:
↗️De los derechos pendientes de cobro, se estima que 90.000 € son de difícil cobro (recibos muy antiguos, contribuyentes insolventes…).
↗️En este ejemplo se asume que no hay exceso de financiación afectada. Si lo hubiera —por ejemplo, una subvención de 200.000 € cobrada para una obra de la que solo se han ejecutado 120.000 €—, habría que restar también esos 80.000 €.
⚠️Además, hay 60.000 € en la cuenta 413, correspondientes a gastos ya realizados pero todavía no imputados al presupuesto, que reducen la capacidad real de gasto.
Al depurar el remanente: 1.050.000 – 90.000 – 60.000 = 900.000 €
Esos 900.000 € son los que realmente sirven como referencia para saber cuánto margen tiene el ayuntamiento para financiar nuevas inversiones, reforzar servicios o reducir deuda sin poner en riesgo su equilibrio financiero.
Aquí está el malentendido más repetido. Mucha gente usa «remanente líquido de tesorería» pensando que se refiere solo al dinero en caja y bancos. No es así: la magnitud que la normativa presupuestaria define es el remanente de tesorería para gastos generales, y sí incluye los derechos pendientes de cobro. Lo que hace es depurarlos.
La diferencia entre ambos no es cosmética: un ayuntamiento puede presentar un remanente total holgado y un remanente para gastos generales negativo si arrastra muchos recibos incobrables o subvenciones finalistas sin ejecutar. Por eso la cifra que se mira antes de aprobar un gasto es siempre la segunda.
La cuenta 413, que recoge las operaciones pendientes de aplicar a presupuesto, tiene una influencia directa en la lectura del remanente. Cuando hay importes registrados en la cuenta 413, significa que existen gastos reconocidos pero no aplicados al presupuesto del ejercicio, de modo que el remanente calculado sobre la liquidación presenta una capacidad de gasto que en realidad ya está comprometida.
Un matiz importante que casi nunca se explica: a diferencia del dudoso cobro y del exceso de financiación afectada, el saldo de la 413 no es uno de los minorandos que fija el RD 500/1990 para obtener el remanente para gastos generales. Es un ajuste que aplican los órganos de intervención y el cálculo de las magnitudes de estabilidad presupuestaria. En la práctica, se descuenta igual al valorar cuánto se puede gastar de verdad.
En términos prácticos:
Si la cuenta 413 no se analiza correctamente, puede dar la sensación de que la entidad tiene más capacidad financiera de la que realmente dispone. De hecho, uno de los errores más frecuentes en la liquidación es presentar un remanente que parece sólido, pero que baja de forma importante cuando se depuran estos importes. Por eso los interventores revisan esta cuenta con especial cuidado antes del cierre anual.
Para mejorar el remanente de tesorería se deberán gestionar mejor los cobros, los pagos y el gasto. Muchos ayuntamientos y organismos públicos trabajan su remanente aplicando medidas de gestión muy concretas:
Remanente de tesorería positivo📈
Un remanente positivo indica que, sumando la tesorería disponible (caja y bancos) y los derechos pendientes de cobro, y restando las obligaciones pendientes de pago y los ajustes por dudoso cobro, la entidad mantiene un saldo favorable. En la práctica significa:
Remanente de tesorería negativo📉
Si el remanente es negativo, los compromisos de pago y los riesgos de cobro superan a la tesorería y a los derechos pendientes. Esto suele poner de manifiesto:
En todo caso, la interpretación debe hacerse sobre el remanente de tesorería para gastos generales, es decir, una vez depurados los saldos de dudoso cobro, el exceso de financiación afectada y partidas como la cuenta 413. Un remanente positivo muy ajustado o basado en derechos difícilmente cobrables puede ser tan preocupante como uno claramente negativo; por eso es clave analizar su calidad, no solo la cifra final.
En definitiva, el remanente es mucho más que un número al final del ejercicio: en la empresa indica qué beneficio queda sin aplicar y en el sector público es la radiografía de la liquidez y la solvencia de la entidad. Entender cómo se calcula, qué significa que sea positivo o negativo y qué palancas tienes para mejorarlo permite tomar decisiones más prudentes sobre gasto, inversión y deuda.