Cuentas para empresas

Las tarjetas corporativas han dejado de ser solo un medio de pago para convertirse en una herramienta clave de control financiero en las empresas. En un contexto donde cada vez más equipos trabajan en remoto, crecen los gastos operativos y se multiplican las suscripciones digitales, muchas compañías pierden visibilidad sobre en qué se gasta el dinero y quién lo autoriza.
Las tarjetas corporativas ayudan a resolver este problema al centralizar los pagos, separar claramente las finanzas personales de las empresariales y automatizar gran parte de la conciliación contable. Bien utilizadas, no solo reducen errores y cargas administrativas, sino que permiten tomar mejores decisiones sobre costes, presupuestos y tesorería en tiempo real.

Una tarjeta corporativa o tarjeta empresarial es un medio de pago emitido a nombre de una empresa o autónomo. Puede ser física o virtual, y se vincula a una cuenta o saldo corporativo. Su principal ventaja es permitir que los empleados realicen gastos de trabajo sin usar dinero personal, manteniendo un control financiero claro y preciso.
Las tarjetas de crédito corporativas suelen incluir herramientas de control como límites de gasto, categorías personalizadas o reportes automáticos, lo que simplifica la contabilidad y la conciliación bancaria. Además, muchas integran funciones de gestión de presupuestos y gastos con software como Holded, Sage o QuickBooks.
Más allá de la teoría, resulta útil ver cómo se materializan estas ideas en soluciones reales que ya utilizan empresas y autónomos. A continuación te muestro tres ejemplos representativos de tarjetas corporativas y en qué situaciones suelen aportar más valor según el tipo de negocio y su forma de trabajar.
Vivid Business combina cuenta de empresa con tarjetas corporativas físicas y virtuales gratuitas, sin límites en número de IBAN y con interés sobre saldo positivo, lo que puede dar un retorno adicional a la tesorería de la empresa. Además, ofrece cashback en compras, gestión de tarjetas sin comisiones y atención 24/7.


Wallester Business pone el foco en gestión de gastos y control granular. Permite emitir tarjetas Visa físicas y virtuales con límites personalizados, gestionar cuentas corporativas en múltiples divisas y consolidar transacciones en un panel intuitivo. Las funciones avanzadas de exportación de extractos, integración con sistemas contables y ajustes de permisos por proyecto o equipo mejoran la visibilidad financiera y ayudan a mantener bajo control los costes operativos.
Revolut Business es una solución orientada a empresas con operaciones internacionales o que manejan varias divisas. Su plataforma permite emitir tarjetas corporativas para gastos, gestionar cuentas en diferentes monedas y aprovechar tipos de cambio competitivos, lo que reduce costes en pagos transfronterizos y simplifica la tesorería global.

Usar correctamente una tarjeta corporativa implica combinar reglas claras, control centralizado y herramientas que automaticen el registro de las transacciones y de todos los gastos que realicen los empleados.
En la práctica, usar una tarjeta corporativa de esta forma permite una gestión más automatizada y trazable del gasto empresarial, minimiza errores, agiliza auditorías internas y ofrece una visión más clara y actualizada de las finanzas del negocio.

No todas las tarjetas corporativas funcionan igual ni sirven para los mismos objetivos. Elegir el tipo adecuado depende del nivel de control que necesite la empresa, su volumen de gastos y su política financiera. A continuación, se detallan las principales modalidades y en qué casos suelen encajar mejor.
La tarjeta de débito corporativa está directamente vinculada al saldo de la cuenta de la empresa, por lo que los gastos se cargan al instante en el balance. Esto la convierte en una opción adecuada para negocios que buscan un control estricto del gasto diario y quieren evitar cualquier riesgo de endeudamiento.
Suele ser especialmente útil para pagos operativos recurrentes, compras de suministros o gastos de equipo, ya que impide gastar más de lo disponible y facilita la conciliación bancaria en tiempo real.
La tarjeta de crédito corporativa ofrece un límite de crédito mensual asociado a la empresa, lo que permite financiar temporalmente ciertos gastos y pagarlos en un único cargo al final del periodo acordado.
Es una opción habitual en compañías con alto volumen de pagos, compras periódicas o gastos variables (viajes, proveedores, servicios profesionales), ya que mejora la gestión de tesorería y permite concentrar pagos en un solo momento del mes.
La tarjeta prepago corporativa funciona con un presupuesto previamente cargado y asignado a un empleado, equipo o proyecto concreto. Solo se puede gastar el saldo disponible, lo que la convierte en una herramienta muy eficaz para controlar costes por áreas o iniciativas específicas.
Suele emplearse en equipos comerciales, campañas de marketing, proyectos temporales o departamentos con presupuestos cerrados, ya que limita el riesgo de desviaciones y facilita el seguimiento del gasto por partidas.
La tarjeta virtual corporativa existe únicamente en formato digital y está pensada para pagos online, suscripciones y servicios digitales. No tiene soporte físico, pero ofrece la misma funcionalidad de control y trazabilidad que una tarjeta tradicional.
Es especialmente útil para empresas digitales, startups o negocios con múltiples herramientas SaaS, ya que permite crear tarjetas específicas para cada proveedor, reducir riesgos de fraude y cancelar o modificar pagos con facilidad.
Una vez claros los tipos de tarjetas corporativas, esta es una comparativa orientativa de algunas de las opciones más relevantes en 2026 para distintos perfiles de empresa.
| Revolut Business | La mejor opción para trabajar con varias divisas | Agencias, e-commerce, exportadores | Sí / Sí | Sí (fuerte) | No | ||||||
| Vivid Business | Tarjetas ilimitadas + recompensas | Equipos en crecimiento | Sí / Sí | Sí (según plan) | Sí | ||||||
| Wallester Business | Muchas tarjetas a bajo coste, control por categorías | Empresas con muchos empleados o suscripciones | Sí / Sí | Sí (según plan) | No | ||||||
| Finom | Cuenta + tarjetas + facturación + cashback | Autónomos y pymes que quieren todo en un solo sitio | Sí / Sí | Sí | Sí | ||||||
| Qonto | Cuenta de empresa fácil de usar + buen soporte | Pymes que quieren simplicidad | Sí / Sí | Sí (según plan) | No |
| Revolut Business | La mejor opción para trabajar con varias divisas | Agencias, e-commerce, exportadores | Sí / Sí | Sí (fuerte) | No | ||||||
| Vivid Business | Tarjetas ilimitadas + recompensas | Equipos en crecimiento | Sí / Sí | Sí (según plan) | Sí | ||||||
| Wallester Business | Muchas tarjetas a bajo coste, control por categorías | Empresas con muchos empleados o suscripciones | Sí / Sí | Sí (según plan) | No | ||||||
| Finom | Cuenta + tarjetas + facturación + cashback | Autónomos y pymes que quieren todo en un solo sitio | Sí / Sí | Sí | Sí | ||||||
| Qonto | Cuenta de empresa fácil de usar + buen soporte | Pymes que quieren simplicidad | Sí / Sí | Sí (según plan) | No |
Elegir una tarjeta corporativa no es solo comparar precios o funcionalidades aisladas. La decisión debería responder a cómo funciona tu empresa, cuántas personas gestionan gastos y qué nivel de control financiero necesitas. A continuación, los criterios clave a tener en cuenta.
El tipo de tarjeta condiciona directamente el nivel de control y el riesgo financiero de la empresa. Las tarjetas de débito priorizan control y disciplina de gasto, las prepago son útiles para presupuestos cerrados y las de crédito aportan flexibilidad de tesorería cuando hay picos de pagos o compras periódicas.
No es lo mismo una empresa con dos empleados que una con equipos distribuidos o departamentos diferenciados. Conviene estimar cuántas tarjetas necesitarás en los próximos 6–12 meses para evitar cambiar de proveedor o estructura de control a medio plazo.
Si operas con proveedores internacionales o equipos en distintos países, el coste del cambio de divisa puede marcar una gran diferencia en tu gasto total. Algunas tarjetas ofrecen mejores condiciones de conversión y menor comisión en pagos en moneda extranjera.
El cashback o las recompensas pueden suponer un ahorro relevante si tu empresa mueve un volumen alto de gasto con tarjeta. No es decisivo para todas las empresas, pero sí para negocios con pagos recurrentes significativos.
La capacidad de conectar las tarjetas con tu software contable o de gestión reduce trabajo manual y errores. Una buena integración facilita la conciliación bancaria y el control del gasto por centros de coste o proyectos.
Si tu equipo es internacional o trabaja en distintos husos horarios, es clave contar con soporte en varios idiomas y tiempos de respuesta razonables. Un buen servicio de atención puede ahorrarte problemas operativos cuando hay bloqueos, incidencias o disputas.
Wallester Business está pensada para equipos que quieren gastar con libertad… pero con control real. Te ahorra fricciones, centraliza todo y convierte la gestión de tarjetas en algo realmente fácil.


Usar correctamente una tarjeta corporativa es clave para evitar errores y mantener el control financiero. Algunas recomendaciones:
Además, usar tarjetas corporativas también mejora de forma directa la tesorería de la empresa, porque te permite saber en todo momento cuánto dinero tienes realmente disponible para operar. Cada gasto se registra al instante y queda asociado a una categoría o a un usuario, lo que hace mucho más fácil calcular la tesorería diaria: tomas el saldo actual y le restas los pagos realizados, los gastos recurrentes que ya están comprometidos y cualquier suscripción o servicio pendiente de cobro.
Con esta información puedes ver tu tesorería “real” y no solo el dinero que aparece en la cuenta. Esto también te ayuda a controlar mejor el flujo de caja, ya que puedes anticipar picos de gasto, prever cuándo tendrás menos liquidez y tomar decisiones más rápidas si necesitas ajustar límites de tarjetas o reorganizar pagos.
Estas prácticas permiten tener una gestión presupuestaria y contable más eficiente, con datos actualizados en tiempo real.
Aunque las tarjetas corporativas facilitan mucho la gestión del gasto, su mal uso puede generar problemas de control financiero, conflictos internos y más carga administrativa. Estos son los errores más habituales que conviene evitar:

Evitar estos fallos y establecer reglas claras desde el inicio permite aprovechar todo el potencial de las tarjetas corporativas sin perder control sobre la tesorería.
Las tarjetas corporativas no son solo un medio de pago, sino una herramienta de gestión financiera cuando se utilizan con reglas claras y buenos procesos internos. Elegir el tipo adecuado, definir políticas de uso, apoyarse en software de control de gastos y evitar errores habituales permite ganar visibilidad sobre la tesorería y reducir carga administrativa.
En definitiva, bien implantadas, ayudan a profesionalizar la gestión del gasto y a tomar decisiones financieras más informadas y eficientes.