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El software propietario (también llamado privativo o de código cerrado) es el software cuya licencia limita el acceso al código fuente y restringe la modificación o redistribución por parte del usuario. En la práctica, el proveedor mantiene el control del producto y tú adquieres un derecho de uso bajo condiciones.
En empresa, el software propietario suele compensar cuando necesitas soporte responsable, actualizaciones garantizadas, cumplimiento y un “dueño” claro al que exigir. El precio real no es solo la licencia: cuenta la implantación, el mantenimiento, la dependencia del proveedor y el coste de salida si cambias de plataforma; por ello, conviene llevarlo a números con un presupuesto de tesorería que incluya implantación, soporte y posibles subidas.

El software propietario es un programa informático cuya licencia no garantiza libertades típicas del software libre: estudiar el código, modificarlo o redistribuirlo. El código fuente no está disponible libremente y el uso queda regulado por contrato/licencia (EULA).
Importante: “Propietario” no significa que “no tenga dueño” el software libre. En ambos casos hay derechos de autor. La diferencia está en la licencia y en los permisos que te concede como usuario.
Entender qué es el software propietario es útil.
Entender cómo impacta en tu estructura es decisivo.
En la práctica, cuando una empresa implanta un software propietario, está entrando en una relación contractual y tecnológica con un proveedor que controla:
Esto tiene implicaciones operativas claras.
El software propietario puede comercializarse de tres formas principales:
Licencia perpetua + mantenimiento anual
Pagas una vez por la licencia y después una cuota anual por soporte y actualizaciones.
Suscripción SaaS (modelo dominante actual)
Pagas mensual o anualmente, por usuario o por uso. Si dejas de pagar, pierdes acceso.
En modelos SaaS, el coste se vuelve recurrente y afecta a la gestión financiera de una empresa mucho más de lo que parece cuando solo miras el precio por usuario.
Licenciamiento modular
Pagas por funcionalidades concretas: módulos financieros, CRM, inventario, etc.
El error habitual es comparar solo la cuota mensual sin analizar qué incluye realmente.
En el software propietario, el proveedor decide:
Tu empresa se adapta.
En organizaciones pequeñas esto puede ser cómodo.
En empresas complejas puede convertirse en una limitación estratégica.
Uno de los puntos más críticos y menos explicados en el SERP es la portabilidad de datos.
Preguntas clave:
El riesgo no está en entrar.
El riesgo está en salir.
Es importante entender esto: cuando una empresa compra un software propietario, no compra el software en sí. Compra una licencia para usarlo bajo ciertas condiciones. Es una cesión limitada de derechos, no una transferencia de propiedad intelectual. Y eso tiene pros y contras.
Ventajas
Desventajas
No todas las organizaciones necesitan el mismo modelo tecnológico.
El software propietario no es una elección ideológica, es una decisión estratégica que depende de estructura, recursos y horizonte de crecimiento.
El modelo propietario encaja especialmente bien cuando la prioridad es estabilidad, soporte y rapidez de implantación.
Suele ser adecuado para:
En estos escenarios, pagar por licencia y soporte no es un coste innecesario. Es una forma de transferir riesgo técnico a un proveedor especializado.
El software propietario puede convertirse en una limitación cuando el modelo de negocio exige control total o adaptación constante.
Puede no ser la mejor opción si:
En estos casos, el coste recurrente y la dependencia contractual pueden convertirse en una carga estructural difícil de revertir.
El error que más cometen las empresas
Elegir por precio inicial.
La decisión correcta no es:
“¿Cuánto cuesta al mes?”
Es:
“¿Cuánto me costará depender de esta solución durante 5 años?”
Eso cambia completamente el enfoque.
Este es el bloque que casi nadie desarrolla bien.
Supongamos un ERP propietario SaaS:
Empresa de 10 empleados
30 € por usuario/mes
= 300 €/mes
= 3.600 €/año
En 5 años: 18.000 €
Añade:
El coste total puede superar los 25.000 € sin contar migración futura.
El análisis correcto no es mensual.
Es estratégico.

El software propietario no es la única vía. Antes de decidir, conviene entender qué otras opciones existen y qué implican en control, coste y responsabilidad técnica.
Permite acceder al código fuente, modificarlo y adaptarlo según las necesidades del negocio. Ofrece mayor independencia tecnológica y evita dependencia contractual directa de un proveedor único. A cambio, exige capacidad técnica interna o soporte especializado externo. En entornos de gestión, una referencia típica de enfoque open source es Odoo, que aparece a menudo al evaluar programas de facturación con opción open source.
Modelo intermedio donde el código puede consultarse, pero bajo restricciones de licencia que limitan modificación o redistribución. Ofrece mayor transparencia que el propietario tradicional, aunque mantiene control del proveedor sobre el producto. Puede resultar atractivo para empresas que buscan equilibrio entre flexibilidad y soporte estructurado.
Solución creada específicamente para la empresa, adaptada por completo a sus procesos y modelo de negocio. Proporciona control total y máxima personalización, pero implica inversión inicial elevada y dependencia del equipo desarrollador. Es adecuado cuando el software es una ventaja competitiva clave y no una herramienta estándar.
El debate entre software propietario y alternativas abiertas no debería centrarse en ideología ni en precio mensual. La cuestión clave es qué modelo reduce más riesgo y fricción en tu empresa durante los próximos cinco años.
Si necesitas soporte estructurado, responsabilidad clara y estabilidad operativa, el modelo propietario puede ser razonable.
Si priorizas independencia tecnológica, control total y capacidad de adaptación constante, deberás asumir mayor responsabilidad interna.
La elección correcta no es la más barata ni la más popular.
Es la que encaja con tu estructura, tus recursos y tu horizonte de crecimiento.